Hacia BuRaNo...


Llevábamos un día muy intenso por Venezia y queríamos seguir nuestro viaje por Italia, pero el tren hacia nuestro nuevo destino era a las 3 de la mañana y no nos veíamos con fuerzas, así que decidimos quedarnos otro día por Venezia, esta vez para disfrutarla con algo mas de calma...
Al anochecer decidimos recoger nuestras mochilas en la estación de Sta Luzia y buscar alojamiento. Nos costó un poco, todo estaba ocupado, pero como siempre, tuvimos suerte. Encontramos un hotelito: IL MORO, muy cerca de la estación de tren y aunque el precio era algo mas alto a lo que estamos acostumbrados, tenía cosas muy buenas a su favor: un buen desayuno y podíamos dejar las mochilas el tiempo que quisiéramos al día siguiente y gratis!!! Algo curioso fue que al darnos las llaves también nos dieron un enchufe anti mosquitos.

Duchita, ropa limpia, minutos de descanso y de nuevo a la calle. Cruzamos el puente Calatrava que va hacia la Piazzale Roma, la parte "moderna" de Venezia.


En esta parte de la ciudad hay unos cuantos puestos callejeros de comida y sale bastante mas barato comer allí que hacerlo en pleno centro turístico, además la comida está rica.

Después de un pequeño paseo nocturno y ver Venezia con otra luz, nos fuimos para "casa".

Nos levantamos a las 9, y nos esperaba un desayuno completito: Caffellatte, yogur, bollos, zumo y tostadas ¿de?... NUTELLA!!!

Al bajar a la calle descubrimos que estábamos inmersos en una de las tradiciones mas arraigadas en Venezia: VOGA LONGA. Una "regata" muy especial para cualquier remer@, a lo largo largo del Canal y las Islas cercanas.


Después de estar un buen rato disfrutando del espectáculo, nos fuimos directos a por unos billetes para ir a Burano.

En Santa Luzia cogimos el 3 con dirección Murano, para disfrutar del arte de soplar cristal. Las composiciones que se hacen, son increíbles por el trabajo que se necesita para conseguirlas, pero terriblemente caras. De camino, por el mar, pasamos muy cerquita del cementerio de Venezia, en la isla de San Michele.

                  

En Murano, estuvimos un ratito y cogimos el 12, que nos dejaría en nuestro destino: Burano, una isla de color. Es una isla a 7 kilómetros de Venezia y a unos 20 minutos. La isla es famosa por el encaje artesanal, que se hace como el de Camariñas y por sus calles/canales llenas de casas de colores. Es curioso el campanario que hay en la iglesia de San Martín, está bastante inclinado, tiene su encanto.







La vuelta fue al atardecer y la visión de Venezia bajando el sol, fue espectacular.

Bajamos en Puente Rialto y lo cruzamos para llegar a la Piaza de San Giacomo. Lo interesante de esta plaza son los puestos que hay en uno de sus laterales, los soportales que la rodean llenos de bares y la estatua Il Gobbo di Rialto.





Representa a un hombre agachado sosteniendo una escalera sobre su espalda. Originalmente servía a las autoridades para proclamar desde la parte alta de la escalera las leyes y ordenanzas de la República veneciana, pero también se dice que era un lugar de referencia para los condenad@s. Allí llegaban corriendo los ajusticiados, quienes desde la plaza de San Marco eran latigad@s por los ciudadan@s. La tortura terminaba con un beso a la estatua.

Al llegar la noche, los locales de la plaza se llenan de gente para tomar algo. Fué el momento de disfrutar del SPRIZT. Combinado a base de vino, soda, Campari, Aperol o Cynar, dependiendo del amargor que quiera cada un@, y siempre con una rodaja de naranja y una aceituna.

                       

Los tomamos en la NARANZARIA. De ambiente tranquilo, y con dos zonas diferenciadas. Hacia la plaza de San Giacomo, en los soportales para tomar los spritz en barra y hacia el Gran Canal, zona de cenas con un aire romántico incomparable!!


Cerca de media noche volvimos hacia la Plaza de Roma, esta vez para coger el autobús hacia Mestre para seguir nuestro viaje. 



Prossima fermata: FLORENCIA.


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